Nuestra Historia

Liceo Darío E. Salas 

         El Liceo en sus comienzos, en su condición de Liceo Experimental a lo largo de su relativamente breve pero trascendente existencia, desde su fundación, en 1947, hasta 1966.

        La primera etapa corresponde a su fundación y sus primeros pasos durante su primer año de vida, en 1947. La segunda, de 1948 a 1955, es una etapa de consolidación durante la cual, año a año fueron poniéndose se en práctica, con más seguridad, la mayor parte, si no todas las innovaciones propuestas en el Plan de Renovación, aunque no sin serios problemas derivados fundamentalmente de las inadecuadas condiciones materiales de los locales en los que funcionó.

      La tercera etapa se extiende desde 1956 a 1966, año éste en que el Liceo pierde legalmente su condición de experimental debido a la reforma de la educación decretada por el Presidente Eduardo Frei Montalva. En 1970 egresaron los últimos Sextos Años de Humanidades correspondientes a la etapa de experimentación del Liceo.

       A lo largo de todas las etapas, pese a la singularidad de los hechos y circunstancias que las caracterizaron, se observa un continuum de su que hacer pedagógico inspirado en la filosofía, fines y objetivos del Plan de Renovación Gradual de la Educación Secundaria, que le diera vida y al cual el Liceo pertenecía. Todas ellas tienen en común el hecho de que el Plan se fue cumpliendo a cabalidad, haciendo que el Liceo fuese efectivamente un centro de experimentación, de demostración y de estudio, tal como lo definiera doña Irma Salas el día de su inauguración.

          Y ello fue posible, gracias fundamentalmente a la actitud de total entrega y de mística profesional que caracterizó al profesorado del Liceo.

 

Creación del Liceo

           El Decreto que le diera vida, el N. 1442, del 19 de marzo de 1947, con las firmas del Presidente de la República, don Gabriel González Videla y del Ministro de Educación, don Alejandro Ríos Valdivia, establecía que seria un liceo coeducacional y debería ubicarse en el «Sector Sur Poniente de la ciudad de Santiago». Y fue justamente en esos umbrales del barrio Estación Central, que inició su singular destino, sector cuya población pertenecía mayoritariamente a los estratos socio-económicos medio bajos y bajos.

           Su ubicación -al igual que la de los liceos creados el año anterior para poner en marcha el Plan de Renovación Gradual de la Educación Secundaria, el Juan A. Ríos en Mapocho abajo y el Gabriela Mistral -en Independencia adentro- había sido premeditada pues se pretendía ensayar el Plan de Renovación en las mismas realidades sociales que, en general, se darían cuando sus modalidades, debidamente experimentadas y probadas, se aplicaran en todos los liceos del país.

 

El «Darío» en la Comunidad

          En tercer lugar -y quizá el más importante, por lo novedoso que fue para muchos de los asistentes- lo constituyó la realización de un proyecto cuyo tema fue «El Parque Cousiño». Importa destacar el hecho de que el tema fue elegido por los propios alumnos, en una Asamblea unida ad-hoc y que fuera presidida por el alumno-alcalde del Liceo, los profesores asistentes al Curso, tuvieron así la oportunidad de presenciar el desarrollo del Proyecto desde sus inicios. Este Proyecto fue el primero de los muchos que se realizaron en el Liceo, destinados a dar oportunidad a los alumnos para investigar la realidad socio-económica y cultural de su Comuna y sus problemas y proponer las soluciones adecuadas. Uno de esos Proyectos dio origen a una Junta de Vecinos del Sector.

 

Nuevo Local

        La construcción de un nuevo local se había hecho indispensable debido, en gran parte, al rápido aumento del número de alumnos y de cursos que fue produciéndose en el Liceo ya desde la etapa anterior, en respuesta a la creciente demanda de matricula de sectores cada vez más amplios de la zona sur-poniente de Santiago y de algunos otros barrios de la capital, y, en parte, al prestigio que el Liceo habla alcanzado.

           Ello determinó que, a poco andar, la mansión señorial en la que iniciara su vida, se hiciera estrecha.

        No se disponía, por otra parte, de los espacios adecuados para satisfacer las necesidades de todo orden que los planes y programas planteaban, y en particular las de los Servicios de Orientación, de Asistencia Social, Médico-Dental y la Biblioteca; ni tampoco de salas para los laboratorios de Química, Física y Biología, ni para los Talleres de Artes Manuales y Educación para el Hogar.

           Después de superar innumerables problemas el 11 de junio de 1963, se inauguró el primer pabellón, de los cuatro que tendría el moderno local del Liceo.